viernes 20 de julio de 2007

El hermano Pablo, Karamundi

El texto que está en la otra entrada es un poema que adoro, y que interprete cuando estaba en segundo o tercero medio, a medida que lo rescribía aquí, me acordaba de como lo hacíamos, los ojos se llenaban de lágrimas, recordando esos tiempo, un poema precioso... si alguna vez me pidan que se los lea, no duden que lo haré con voces, y si es en mi casa, será con movimiento incluidos, realmente es algo superior a mi
Habla de Pablo Neruda, por si no lo notan

El hermano Pablo

El hermano Pablo se montó en la ausencia
y emprendió galope hacia la eternidad
El hermano Pablo, arquitecto de versos,
ingeniero de la metáfora, obrero de las ideas,
hermano gigantesco del sueño umbilical americano.
El hermano Pablo se enamoró del mar,
se batió en el idioma con su pluma de sangre,
se durmió en las corolas y en los brazos de las olas llegó un día a París
El hermano Pablo, constructor de versos:
"Puedo escribir los versos más tristes esta noche"
Escribir por ejemplo: El hombre es un anhelo temblando en el universo,
el hombre es un viajero a medio caminar entre la verdad y el misterio.
Escribir por ejemplo: La ausencia es una flor que nunca se marchita
un bugido de trenes, una noche infinita.
Los corazones se detienen un día
y caminan presurosas las ansias marchitas
y la sangre cansada se aleja de la vida.
Y el mundo gira y ríe sus pesares y designios
y el mundo ríe y gime sus pesares y designios,
y los días se amontonan se convierten en hojas,
y la lluvia los amansa y los convierte en tierra,
y la tierra y la guerra los convierten en sangre,
y la sangre se pone de pie y revienta su grito por el aire
"Aquí estoy otra vez, ayudadme"


Kamarundi

sábado 14 de julio de 2007

Batalla I

¡Me ahogué! Me ahogué de esta maldita realidad que no hace más que asfixiarte y presionarte... siento que pierdo algo que quiero, pero no quiero perder... suena extraño, ¡Lo sé! Pero no lo puedo cambiar. Lo que quiero es gritar... eso quiero: ¡Gritar al mundo mirándolo a los ojos sin miedo a él ni a su respuesta!
Ya, estoy loca, estoy estresada, lo que quieran, no me importa. ¿Realmente? En este minuto me importa un carajo lo que la gente piense de mí... así que, ¡Piensen lo que quieran!

Pero ya lo hacen, ¿para que te urges? ¿Y por qué sigues pensando que eres el centro de todo? Simplemente, asume,... asume que no eres más que un grano de arena en la playa. Y que por más que quieras nunca serás más lo que la gente espera de ti, no sabes ser como ellos y no quieres... Asume, que tu familia no tiene fe en ti: por ser una loca, una desadaptada, que se cree capaz de ser alguien en este mundo que...

¡Calla! ¡Calla!... ¡¿No te das cuenta que me duele?! Que yo sé que puedo... yo se que puedo dar mucho más de lo que estoy dando...

Pero la flojera puede mucho más que tú... por eso no llegarás lejos y cumplirás exactamente las expectativas de tu familia... no serás más de lo que ellos creen que serás, y digamos que eso es igual que nada

¡No! ¡Cállate! ¡No te quiero escuchar! Escucharte me hace mal, me hace volver a ser esa persona que deje atrás, o que estoy tratando de dejar atrás, pero aquella persona que no quiero seguir siendo...
Una persona conformista, predecible, que no busca más allá, que hace lo que su familia quiere, que es la hija perfecta, parte de una familia perfecta,... pero que realmente aparenta ser perfecta, porque por dentro no es más que una m***da.
Esa persona la dejé muy, muy atrás, y mi primer paso, fue hace mucho tiempo, y lucho por seguir adelante constantemente...

Deja de negarte a ti misma, no puedes escapar de tu naturaleza, por más que corras, ella corre tras tuyo y te va a alcanzar. Tarde o temprano lo hará... Quizás que estás ganando la batalla, pero esta guerra esta ganada desde hace mucho, y no es lo que tu quieres, si no lo que tu eres.

¡No! ¡No! Las cosas no fueron escritas por mi familia, mi historia la escribo yo... digas lo que digas... sé que puedo más, y sé que daré más...-

sábado 7 de julio de 2007

El Círculo del 99

Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente, que como todo sirviente de rey triste, era muy feliz. Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertaba al rey cantando y tarareando alegres canciones de juglares. Una sonrisa se dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre.

Un día el rey lo mandó a llamar.
- Paje - le dijo - ¿cuál es el secreto?
- ¿Qué secreto, Majestad?
- ¿Cuál es el secreto de tu alegría?
- No hay ningún secreto, Alteza.
- No me mientas, paje. He mandado a cortar cabezas por ofensas menores que una mentira.
- No le miento, Alteza, no guardo ningún secreto.
- ¿Por qué está siempre alegre y feliz? ¿eh? ¿por qué?
- Majestad, no tengo razones para estar triste. Su Alteza me honra permitiéndome atenderlo. Tengo mi esposa y mis hijos viviendo en la casa que la Corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados y además su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos gustos, ¿cómo no estar feliz?
- Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar -dijo el rey-. Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado.
- Pero, Majestad, no hay secreto. Nada me gustaría más que complacerlo, pero no hay nada que yo esté ocultando...
- Vete, ¡vete antes de que llame al verdugo!

El sirviente sonrió, hizo una reverencia y salió de la habitación.

El rey estaba como loco. No consiguió explicarse cómo el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentándose de las sobras de los cortesanos.

Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó su conversación de la mañana.
- ¿Por qué él es feliz?
- Ah, Majestad, lo que sucede es que él está fuera del círculo.
- ¿Fuera del círculo?
- Así es.
- ¿Y eso es lo que lo hace feliz?
- No Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.
- A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz.
- Así es.
- ¿Y cómo salió?
- ¡Nunca entró!
- ¿Qué circulo es ese?
- El círculo del 99.
- Verdaderamente, no te entiendo nada.
- La única manera para que entendieras, sería mostrártelo en los hechos.
- ¿Cómo?
- Haciendo entrar a tu paje en el círculo.
- Eso, obliguémoslo a entrar.
- No, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.
- Entonces habrá que engañarlo.
- No hace falta, Su Majestad. Si le damos la oportunidad, él entrará solito, solito.
- ¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?
- Si se dará cuenta.
- Entonces no entrará.
- No lo podrá evitar.
- ¿Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese ridículo círculo, y de todos modos entrará en él y no podrá salir?
- Tal cual. Majestad, ¿estás dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del círculo?
- Sí
- Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más ni una menos. ¡99!
- ¿Qué más? ¿Llevo los guardias por si acaso?
- Nada más que la bolsa de cuero. Majestad, hasta la noche.
- Hasta la noche.

Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron el alba. Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa y le pinchó un papel que decía:
"Este tesoro es tuyo. Es el premio por ser un buen hombre. Disfrútalo y no cuentes a nadie cómo lo encontraste."

Luego ató la bolsa con el papel en la puerta del sirviente, golpeó y volvió a esconderse. Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban desde atrás de unas plantas lo que sucedía. El sirviente vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra el pecho, miró hacia todos lados de la puerta, y se arrimaron a la ventana para ver la escena.

El sirviente había tirado todo lo que había sobre la mesa y dejado sólo la vela. Se había sentado y había vaciado el contenido en la mesa. Sus ojos no podían creer lo que veían, ¡Era una montaña de monedas de oro! Él, que nunca había tocado una de estas monedas, tenia hoy una montaña de ellas para él.

El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacía brillar la luz de la vela sobre ellas. Las juntaba y desparramaba, hacía pilas de monedas. Así, jugando y jugando empezó a hacer pilas de 10 monedas. Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis.... y mientras sumaba 10, 20,30, 40, 50, 60.... hasta que formó la última pila: 9 monedas !!!

Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa. "No puede ser", pensó. Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja.

- Me robaron -gritó- me robaron, malditos!!

Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas, vació sus bolsillos, corrió los muebles, pero no encontró lo que buscaba. Sobre la mesa, como
burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro "sólo 99".


"99 monedas. Es mucho dinero", pensó. Pero me falta una moneda. Noventa y nueve no es un número completo -pensaba- Cien es un número completo pero noventa y nueve, no.

El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que se asomaban los dientes.

El sirviente guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguien de la casa lo veía, escondió la bolsa entre la leña. Luego tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos. ¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda número cien?


Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla. Después quizás no necesitara trabajar más. Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar. Con cien monedas de oro un hombre es rico.

Con cien monedas se puede vivir tranquilo. Sacó el cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario.

"Doce años es mucho tiempo", pensó. Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. Y él mismo, después de todo, él terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello. Sacó las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero. Era demasiado tiempo!!!

Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comidas todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida habría para vender...Vender...Vender...

Estaba haciendo calor. ¿Para qué tanta ropa de invierno? ¿Para qué más de un par de zapatos? Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien.

El rey y el sabio, volvieron al palacio. El paje había entrado en el círculo del 99...

Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando de pocas pulgas.
- ¿Qué te pasa?- preguntó el rey de buen modo.
- Nada me pasa, nada me pasa.
- Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo.
- Hago mi trabajo, ¿no? ¿Qué querría su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también?

No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente. No era agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor.
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Todos nosotros hemos sido educados en esta estúpida ideología:

Siempre nos falta algo para estar completos, y sólo completos se puede gozar de lo que se tiene. Por lo tanto, nos enseñaron, la felicidad deberá esperar a completar lo que falta....

Y como siempre nos falta algo, la idea retoma el comienzo y nunca se puede gozar de la vida. Pero que pasaría si la iluminación llegara a nuestras vidas y nos diéramos cuenta, así, de golpe, que nuestras 99 monedas son el cien por ciento del tesoro, que no nos falta nada, que nadie se quedó con lo nuestro, que nada tiene de más redondo
cien que noventa y nueve, que todo es sólo una trampa, una zanahoria puesta frente a nosotros para que seamos estúpidos, para que jalemos del carro, cansados, malhumorados, infelices o resignados.

Una trampa para que nunca dejemos de empujar y que todo siga igual... ... eternamente igual!

domingo 1 de julio de 2007

Conversaciones del Transporte Público Chileno

El otro día me subí al colectivo y no pude evitar escuchar la conversación que se presento entre los otros tres pasajeros, tal como si estuvieran tomándose un café en el mall y al final una sale con el comentario de que no iba a hablar de su vida privada ahí... ¿con que cara lo dice si recién lo había estado haciendo acerca de la vida de la otra persona?, pero bueno así somos los chilenos.
Así que cuando me baje, me puse a pensar que más de alguna vez yo hice lo mismo con amigas, y que lo más probable es que una persona igual de ociosa que yo, las tiene que haber escuchado y reído con lo que decíamos... ¿para qué voy a negar que he hablado hartas tonteras mientras viajo en el transporte público?
Típico, te subes en la micro, y no faltan los escolares que hablan de la prueba que habían tenido, del trabajo que tenían que hacer, o del último carrete, o los universitarios que hablan de la vida, y que uno de vez en cuando, especialmente cuando vas solo logras escuchar parte de la conversación.
Hay tantas cosas de las que te puedes enterar mientras viajas en el transporte público, y lo más cómico, es que hablamos como si estuviéramos en el living de la casa olvidándonos de donde estamos.

sábado 30 de junio de 2007

Mudos Testigos

¿Se han fijado en lo mágico que son la luna y el sol? Yo constantemente, hay algo en ellos que me atraen, y que cuando tengo tiempo me doy un poquito de él, para verlos, contemplarlos...
No podemos negar que desde siempre se han vuelto objetos de la admiración humana, para algunas culturas eran las representaciones de sus deidades, han sido motivo de inspiración para creaciones literarias a lo largo de la historia. Han sido motivo de batallas indirectas, como lo fue la carrera lunar, y la gente se ha creído con la autoridad de poseerla... sí tenía que ser un chileno: Jenaro Gajardo Vera.
Siempre ahí, constantes, no se han visto afectados por la mano del humano, son claros testigos de lo que ha ocurrido.
Han tenido la mejor vista de todos los sucesos históricos considerados socialmente importantes, de todas las historias de amor que si se conocieran conmoverían hasta al ser menos sensible de la tierra, ya que la realidad supera a la fantasía, pero lo más importante, han sido los testigos de la historia que debería ser narrada en los textos de historia escolar, la historia de los oprimidos, de los verdaderos sucesos sociales de los motores de cambio social.
Estos astros fueron los aliados y enemigos de los revolucionarios, de los que lucharon por cambios.
Puede ser que me obsesionen, no sé... pero cuando soy capaz y el clima me acompaña, me siente a observarlos por horas, especialmente a la luna, y trato de imaginarme todas las historias de las que han sido testigos, los mudos testigos.

martes 19 de junio de 2007

Maldita Rutina

No tengo ánimos de escribir, no tengo ánimos de estudiar, no tengo ánimos de hacer cualquier cosa. Por mí me encerraría en mi pieza, apagaría el celular, y me dedicaría a dormir, dormir, quizás algún libro, algo de comida y bebida, un poco de alguna música que me guste, es una gran compañía, y los infaltables cigarros...y nada más! ¡Que mayor alegría! ¡Hacer el intento de desconectarme del mundo! de desconectarme de todo!, pero se me ha vuelto imposible. Sí, sí, sí, no me critiquen, me he vuelto dependiente del msn, del celular, del fotolog, de los e-mails. ¡Ya! ¡Sí sé! intento ocultar la verdad, un síntoma claro de mi etapa constante de negación turnada con la de evasión, la verdad, es que soy adicta! adicta al contacto con el resto, adicta a los beneficios de la globalización...
Pero no es más que rutina, lo sé, una miserable y angustiosa rutina que me succiona la vida... ah! pero me faltaban las clases y la vida universitaria. R U T I N A! Aburrida y agotadora R U T I N A! Aunque no puedo ni debo negar el hecho, de que de repente la R U T I N A se ve envuelta por un par de conversaciones interesantes, cosas que llaman mi atención y me absorben de mis aletargamientos para traerme de vuelta en la realidad por unos breves momentos.
Lo único que pensé, que tonta fui, que me mantendría conciente del mundo serías tú, el fin de la rutina y el cansancio, de la inercia y falta de actitud frente a lo que ocurre. ¡Pero que ingenua fui! Pensar que tu serías capaz... El enamoramiento fue el culpable... pero con enamoramiento no se vive, tu lo deberías saber, ¿no? ¡Ja! Imaginare lo ingenua que soy que sigo creyendo tus palabras de que algún día, ¡pero no pasada nada! ¿Tanto miedo tienes o soy un simple juguete con el que estás pasando tus horas de aletargamiento?